En México, como en muchas partes del mundo, los medicamentos genéricos representan una herramienta fundamental para ampliar el acceso a tratamientos esenciales y reducir el costo que deben asumir tanto los pacientes como las instituciones públicas. Su importancia es especialmente visible en enfermedades crónicas, donde una persona puede necesitar el mismo principio activo durante meses o incluso años y pequeñas diferencias en el precio mensual terminan convirtiéndose en una carga económica considerable.
Sin embargo, hablar de accesibilidad únicamente en términos de precio ofrece una imagen incompleta. Para que un medicamento sea realmente accesible, debe estar autorizado para comercializarse, encontrarse disponible cuando el paciente lo necesita, llegar a farmacias y centros de salud de distintas regiones, mantener un precio asumible y contar con suficiente confianza por parte de médicos y consumidores. Una falla en cualquiera de estos elementos puede interrumpir el tratamiento incluso cuando existe una versión genérica económica del producto.
México ha desarrollado uno de los mercados de medicamentos genéricos más importantes de América Latina, pero persisten diferencias significativas entre la disponibilidad teórica de un medicamento y la posibilidad práctica de obtenerlo. Estas diferencias se vuelven particularmente relevantes fuera de los grandes centros urbanos, entre personas que dependen del sistema público y entre pacientes que necesitan tratamientos continuos.
Desafíos Regulatorios
Uno de los primeros obstáculos aparece antes de que el medicamento llegue a una farmacia. Todo producto farmacéutico que pretenda comercializarse legalmente en México debe cumplir los requisitos correspondientes ante la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS).
En el caso de los medicamentos genéricos, esto incluye demostrar las condiciones de calidad requeridas y, cuando corresponde, presentar evidencia de intercambiabilidad o bioequivalencia que permita establecer que el producto puede ofrecer un desempeño comparable al medicamento de referencia.
Durante años, la acumulación de trámites constituyó un problema importante para el sector. La situación, sin embargo, ha cambiado considerablemente y resulta más preciso analizarla como un proceso de transición regulatoria que como un problema estático. COFEPRIS informó en 2024 que el diferencial entre las solicitudes recibidas y los dictámenes emitidos había pasado de aproximadamente 56% en 2019 a menos de 1% en 2023. También señaló que durante 2022 se realizaron alrededor de 900 dictámenes mensuales, frente a aproximadamente 147.5 por mes en 2015.
En la regulación actualmente publicada por el gobierno mexicano, el plazo señalado para resolver solicitudes de registro de medicamentos genéricos y biocomparables es de 90 días naturales, aunque el proceso completo puede prolongarse cuando existen prevenciones, solicitudes de información adicional, estudios pendientes o documentación que debe ser corregida por el solicitante. El costo regulatorio tampoco es irrelevante: el trámite oficial para determinados medicamentos genéricos y biocomparables se sitúa por encima de los 100,000 pesos mexicanos antes de considerar estudios, preparación del expediente, fabricación de lotes, asesoría regulatoria y otros gastos asociados con la entrada al mercado.
Estas barreras afectan especialmente a productos cuyo mercado potencial es relativamente pequeño. Para una molécula de consumo masivo, varias compañías pueden considerar económicamente viable competir con sus propias versiones genéricas. En cambio, un medicamento utilizado por un grupo reducido de pacientes puede atraer menos fabricantes. El resultado es que dos medicamentos sin protección de patente pueden presentar situaciones completamente diferentes: uno puede estar disponible a través de numerosos laboratorios y otro depender de muy pocos proveedores.
Las reformas recientes intentan reducir este problema. Entre enero y octubre de 2024, COFEPRIS otorgó registros sanitarios a 286 medicamentos, además de otras autorizaciones para dispositivos médicos y ensayos clínicos. Durante 2025 la autoridad también avanzó en simplificación regulatoria y mecanismos de reconocimiento de evaluaciones realizadas por determinadas autoridades regulatorias internacionales.
El reto, por lo tanto, ya no consiste únicamente en disminuir los tiempos administrativos. También implica mantener procedimientos suficientemente rápidos para favorecer la competencia sin debilitar los controles de calidad que permiten que médicos y pacientes confíen en los productos autorizados.
Distribución y Disponibilidad
Que un medicamento cuente con registro sanitario no significa necesariamente que pueda encontrarse con facilidad en cualquier lugar del país. México tiene una extensión territorial considerable y una distribución poblacional muy desigual. Las cadenas de suministro que funcionan eficientemente en Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey pueden enfrentarse a condiciones completamente diferentes al abastecer localidades pequeñas de Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Chihuahua o comunidades alejadas de los principales centros logísticos.
La disponibilidad depende de varios niveles de la cadena: fabricante, importador cuando corresponde, distribuidor mayorista, almacenes regionales, operador logístico y establecimiento dispensador. Una interrupción en cualquiera de ellos puede provocar que un medicamento continúe apareciendo en catálogos comerciales aunque temporalmente no exista inventario disponible para el paciente.
Las farmacias tampoco mantienen todas las moléculas, concentraciones y presentaciones permanentemente almacenadas. El espacio disponible, la frecuencia de compra, la rotación esperada, las condiciones de conservación y las cantidades mínimas solicitadas por determinados distribuidores influyen en las decisiones de inventario. Para medicamentos de consumo poco frecuente, una farmacia pequeña puede optar por solicitar el producto únicamente cuando existe una orden concreta. Esta diferencia adquiere especial importancia en comunidades con pocos establecimientos. Un paciente de una zona metropolitana puede comparar inventarios de cinco o diez farmacias en un radio relativamente pequeño. En una localidad rural, la falta de una sola presentación puede obligar a desplazarse a otra población o esperar varios días hasta que llegue un nuevo suministro.
Los canales digitales pueden resultar especialmente útiles cuando el problema no consiste en la ausencia total de un medicamento en México, sino en la dificultad para encontrar una versión concreta a un precio accesible. Por ejemplo, en Mexican Pharmacy Meds el sistema de búsqueda permite localizar medicamentos por categorías y, cuando el producto solicitado no está disponible o su precio no resulta conveniente, consultar posibles análogos o versiones genéricas. Una alternativa diferente es Farmacias del Ahorro, cuya plataforma permite buscar los productos indicados en una receta y consultar el surtido disponible a través de su tienda en línea. Este tipo de herramientas amplía las opciones del paciente más allá del inventario de una sola farmacia local: en vez de interpretar la falta de una marca específica como ausencia del tratamiento, puede comprobar si existe el mismo principio activo bajo otra denominación, presentación o fabricante, o buscar el producto dentro de una red con una cobertura de distribución más amplia.
Aun así, la búsqueda digital solo resuelve una parte del problema, ya que la posibilidad de obtener el medicamento continúa dependiendo del stock real, de la zona de entrega y, cuando corresponde, del cumplimiento de los requisitos de prescripción y dispensación.
El problema forma parte de una brecha de acceso sanitario más amplia. Datos recientes citados por la OCDE señalan que aproximadamente 34.2% de la población mexicana – unos 44.5 millones de personas – carecía de acceso a servicios de salud en 2024. En otra medición de la misma organización, México presentaba una cobertura de aproximadamente 78% de la población para un conjunto básico de servicios sanitarios, frente a niveles cercanos a la universalidad en gran parte de los países de la OCDE.
Esto demuestra que la accesibilidad farmacéutica no puede separarse completamente de la infraestructura sanitaria. Cuando una localidad tiene menos consultas médicas disponibles, menor capacidad diagnóstica y dificultades para surtir recetas, disponer formalmente de medicamentos genéricos en el mercado nacional no garantiza que esos productos lleguen de manera constante hasta el paciente. Frente a estos desafíos, el gobierno mexicano ha impulsado políticas destinadas a aumentar la oferta terapéutica, promover medicamentos genéricos y modernizar los procesos relacionados con su autorización. No obstante, mejorar la distribución exige además información de inventario más precisa, sistemas capaces de detectar faltantes antes de que se vuelvan críticos y una coordinación más estrecha entre compras, almacenamiento, distribución y dispensación.
Problemas de Calidad y Percepción
La percepción de los medicamentos genéricos constituye un problema diferente porque no depende únicamente de su disponibilidad física. Un medicamento puede encontrarse en una farmacia y costar significativamente menos que la marca original, pero continuar siendo infrautilizado si el paciente considera que el menor precio implica automáticamente una menor calidad.
Desde el punto de vista regulatorio, el concepto de medicamento genérico no significa simplemente una copia económica. Los productos deben satisfacer los requisitos sanitarios aplicables y, cuando corresponde, demostrar intercambiabilidad mediante las pruebas establecidas. COFEPRIS ha destacado de forma específica que los estudios de intercambiabilidad y bioequivalencia forman parte de los mecanismos utilizados para asegurar calidad, seguridad y eficacia.
La percepción pública, sin embargo, puede estar influida por elementos que no guardan relación directa con la eficacia terapéutica. El color de una tableta, su forma, la caja, el nombre comercial, el laboratorio fabricante o incluso pequeñas diferencias en excipientes pueden hacer que dos productos parezcan completamente distintos para el consumidor aunque contengan el mismo principio activo y la misma concentración.
Existe además una paradoja interesante en el mercado mexicano. La desconfianza hacia los genéricos ha coexistido históricamente con un nivel extremadamente alto de utilización. Como referencia, COFEPRIS informó que ya en 2013 los medicamentos genéricos representaban aproximadamente 84% del volumen del mercado farmacéutico mexicano, aunque constituían alrededor del 52% de su valor. La diferencia entre ambas cifras resulta reveladora: una gran proporción de las unidades consumidas eran genéricas, pero los medicamentos innovadores y de marca concentraban una parte desproporcionada del gasto.
Otro dato histórico ayuda a dimensionar el efecto económico. COFEPRIS calculó que la introducción de determinadas familias de genéricos había generado reducciones promedio de precios cercanas al 61% y ahorros acumulados de miles de millones de pesos. Estas cifras corresponden a programas específicos y no significan que todo genérico sea automáticamente 61% más barato, pero muestran hasta qué punto la competencia puede modificar el precio una vez que varias alternativas entran en una misma categoría terapéutica.
El problema de percepción también puede funcionar en sentido contrario. La popularidad de la palabra “genérico” no debe llevar al consumidor a asumir que cualquier producto económico vendido por internet, redes sociales o canales informales es equivalente a un medicamento genérico autorizado. Precisamente por ello, la educación sanitaria debería diferenciar entre un genérico registrado y evaluado por la autoridad y un producto de procedencia incierta.
La confianza aumenta cuando el paciente comprende qué significa el principio activo, cómo verificar la concentración, quién fabrica el medicamento y por qué el aspecto físico puede cambiar entre laboratorios. Para tratamientos crónicos, esta información tiene un valor adicional porque disminuye el riesgo de que una persona suspenda accidentalmente un medicamento simplemente porque la farmacia cambió de fabricante.
Precio, Gasto de Bolsillo y Capacidad Real de Compra
El precio sigue siendo uno de los factores más determinantes para el acceso a medicamentos en México. La existencia de una alternativa genérica reduce el costo potencial del tratamiento, pero no garantiza que todas las familias puedan asumirlo, especialmente cuando deben adquirir varios medicamentos simultáneamente.
Este problema se vuelve más claro al analizar el gasto de bolsillo. De acuerdo con la OCDE, los hogares mexicanos continúan financiando directamente más de una tercera parte del gasto total en salud, una proporción considerablemente superior al promedio de los países de la organización. Todavía más relevante para esta discusión es la composición de ese gasto: los productos farmacéuticos representan más del 60% del desembolso sanitario directo de los hogares mexicanos.
Por esa razón, una diferencia aparentemente pequeña en el precio mensual de un medicamento puede tener un impacto importante. Una reducción de 150 o 200 pesos puede parecer limitada cuando se evalúa una sola compra, pero en un tratamiento permanente representa entre 1,800 y 2,400 pesos al año. Si una persona utiliza medicamentos para diabetes, hipertensión y colesterol simultáneamente, las diferencias acumuladas entre alternativas pueden convertirse en una parte relevante del presupuesto familiar.
El contexto general del financiamiento sanitario también ayuda a explicar esta sensibilidad al precio. México destina alrededor del 5.9% de su PIB al gasto en salud, frente a aproximadamente 9.3% en el promedio de la OCDE. En términos ajustados por poder adquisitivo, el gasto sanitario se sitúa alrededor de USD 1,588 por persona, mientras que el promedio de la organización supera los USD 5,900.
Cuando una institución pública proporciona el tratamiento completo, esta diferencia puede no ser visible para el paciente. El problema aparece cuando el medicamento prescrito no está disponible y la persona debe trasladar la compra al sector privado. El medicamento deja entonces de representar un gasto institucional y se convierte, de manera inmediata, en un gasto del hogar.
Esta transición afecta de forma desigual a la población. Una familia con ingresos elevados puede comprar temporalmente el producto en una farmacia privada. Un hogar de bajos ingresos puede tener que reducir la dosis, retrasar la compra, sustituir el medicamento sin orientación profesional o suspenderlo hasta disponer de recursos. Así, el mismo episodio de falta de suministro puede ser una molestia para un paciente y una interrupción terapéutica grave para otro.
La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) permite analizar precisamente cómo los hogares distribuyen sus recursos entre salud y otras necesidades. En su metodología de 2024, el organismo incluye dentro del gasto sanitario tanto medicamentos de patente como genéricos, vacunas y otras preparaciones farmacéuticas adquiridas directamente por los hogares.
Por ello, la asequibilidad no debería medirse únicamente preguntando cuánto cuesta una caja. Una evaluación más útil considera cuánto representa ese precio respecto al ingreso disponible del hogar, durante cuánto tiempo será necesario mantener el tratamiento y qué ocurre si el paciente necesita dos, tres o más medicamentos de forma simultánea.
Desabasto en Instituciones Públicas y Fragmentación del Acceso
Existe otro componente especialmente importante en México: el medicamento puede estar autorizado, fabricarse dentro del país y venderse normalmente en farmacias privadas, pero no encontrarse disponible en el establecimiento público donde el paciente esperaba recibirlo. Este fenómeno demuestra la diferencia entre disponibilidad comercial y acceso efectivo.
Las instituciones públicas manejan volúmenes de medicamentos muy superiores a los de una farmacia individual. Las compras requieren estimaciones de demanda, procesos de contratación, coordinación con fabricantes, almacenamiento, distribución nacional y entrega hasta unidades médicas concretas. Un error en la estimación de consumo, retrasos administrativos, problemas con un proveedor o una distribución regional deficiente pueden producir faltantes incluso cuando existe suficiente capacidad productiva en el mercado. Las cifras permiten observar la magnitud potencial del problema. El informe Radiografía del Desabasto 2023, elaborado por el colectivo Cero Desabasto y posteriormente reportado por medios nacionales, estimó que aproximadamente 7.5 millones de recetas del sector público no fueron surtidas completamente durante 2023. La cifra había disminuido considerablemente respecto de aproximadamente 15 millones registradas el año anterior, pero seguía representando millones de ocasiones en las que el paciente no recibió en ese momento la totalidad de lo prescrito.
El dato requiere una interpretación cuidadosa. Una receta no surtida completamente no significa necesariamente que el medicamento haya desaparecido del mercado mexicano. Puede tratarse de un faltante temporal, una presentación específica, una unidad médica concreta o una institución determinada. Sin embargo, desde el punto de vista del paciente, esta distinción administrativa tiene poca importancia: si el tratamiento no está disponible cuando debe iniciarse o continuarse, existe un problema real de accesibilidad.
La fragmentación del sistema también dificulta describir el desabasto mediante una sola cifra nacional. IMSS, ISSSTE, servicios estatales, IMSS-Bienestar y otras instituciones operan con estructuras, poblaciones y mecanismos de suministro diferentes. Un producto puede encontrarse disponible dentro de una red y escasear en otra. Además, el efecto no es homogéneo entre enfermedades. Una interrupción breve de un tratamiento sintomático puede producir molestias limitadas, mientras que los faltantes repetidos de insulina, antiepilépticos, anticoagulantes, medicamentos oncológicos o determinados tratamientos psiquiátricos pueden tener consecuencias clínicas mucho más importantes.
Por ello, una política de acceso efectiva necesita medir algo más que el número total de unidades compradas. También debe evaluar qué porcentaje de recetas se surte completamente, cuánto tiempo tarda en corregirse un faltante, qué productos presentan interrupciones recurrentes y cuáles son las regiones con mayor frecuencia de problemas.
Educación, Información y Uso Adecuado de Genéricos
Una dimensión adicional de la accesibilidad consiste en que el paciente pueda comprender las alternativas que tiene disponibles. Tener varias versiones de un mismo medicamento debería ampliar las opciones, pero también puede generar confusión cuando las cajas presentan diferentes nombres, fabricantes, colores o diseños.
El nombre genérico o denominación del principio activo desempeña aquí una función esencial. Un paciente que reconoce únicamente una marca puede interpretar la falta de esa marca como falta absoluta del tratamiento, aun cuando la farmacia tenga otra versión equivalente disponible. Por el contrario, conocer el principio activo, la concentración y la forma farmacéutica permite comprender mejor las opciones existentes y consultar al farmacéutico o al médico cuando se plantea una sustitución apropiada. La educación es particularmente importante porque México ya tiene una utilización histórica elevada de genéricos. El reto no consiste únicamente en convencer a la población de que estos medicamentos existen. Se trata de proporcionar herramientas para distinguir productos autorizados, comprender las diferencias entre fabricantes y evitar que el menor precio se interprete como una señal automática de menor eficacia.
También existe una dimensión digital. Cada vez más pacientes buscan precios, disponibilidad e información sobre medicamentos antes de acudir físicamente a una farmacia. Esta posibilidad puede mejorar la transparencia del mercado, pero también aumenta la exposición a vendedores que no ofrecen suficiente información sobre la procedencia del producto. La accesibilidad digital, por tanto, debe ir acompañada de mecanismos que permitan verificar establecimientos, productos y requisitos de prescripción.
Una población mejor informada puede aprovechar con mayor eficacia la competencia entre medicamentos equivalentes. Si el consumidor conoce el principio activo y puede comparar opciones legítimas, la falta temporal de una marca concreta tiene menos posibilidades de transformarse en una interrupción innecesaria del tratamiento.
Conclusión
México ha avanzado considerablemente en la incorporación de medicamentos genéricos y en la modernización de su sistema regulatorio, pero la accesibilidad farmacéutica continúa siendo un problema multidimensional. La presencia de un gran mercado de genéricos no elimina automáticamente las diferencias relacionadas con ingreso, región geográfica, cobertura sanitaria, funcionamiento de las instituciones públicas o capacidad de las cadenas de suministro. Los datos muestran esta contradicción con claridad. México ha tenido históricamente una de las mayores penetraciones de medicamentos genéricos por volumen, pero al mismo tiempo los productos farmacéuticos continúan representando más del 60% del gasto sanitario de bolsillo de los hogares. La cobertura de servicios esenciales sigue siendo inferior a la observada en gran parte de los países de la OCDE y millones de recetas del sistema público pueden quedar total o parcialmente sin surtir durante un año.
Por esta razón, mejorar el acceso requiere actuar simultáneamente sobre varios frentes. La regulación debe permitir que nuevos competidores entren al mercado con rapidez sin disminuir los estándares de calidad; los sistemas de distribución deben evitar que la ubicación geográfica determine qué tratamientos están disponibles; las compras públicas necesitan anticipar faltantes y responder con mayor rapidez a interrupciones; y los pacientes necesitan información suficiente para comprender cuándo existen alternativas genéricas apropiadas.
El objetivo final no debería medirse únicamente por el número de registros sanitarios concedidos o por la cantidad de medicamentos que existen en el mercado nacional. El indicador más relevante es mucho más práctico: que una persona pueda obtener el medicamento adecuado, en la concentración necesaria, en el momento en que lo necesita y a un costo que no la obligue a elegir entre continuar su tratamiento y cubrir otras necesidades básicas.